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lunes, 17 de junio de 2013

SIMAÍ EL PRIMERO DE LOS CUATRO ÁNGELES QUE RUMOREAN.


Los cuatro ángeles a los que llamaremos a partir de ahora: SIMAÍ, DIVADÍ, GELANI Y JEGORÍ, viajaban hacia la Tierra y se fueron alejando del REINO DEL UNIVERSO. En la misma proporción en la que se alejaban y se acercaban a la Tierra, perdían la memoria y se iban olvidando de la misión que les había sido encomendada.

El UNIVERSO era un lugar maravilloso donde los ángeles jugaban a esconderse tras los astros. Saltaban de uno a otro y volvían hacia atrás con la misma velocidad. Esto les entretuvo más de lo previsto y cuando llegaron a su destino se habían olvidado de quienes eran y el motivo por el que estaban ahí.

Se quedaron asombrados de la belleza que se observaba desde el espacio, un lugar que nunca habían visto.

Como no sabían que hacían allí y no recordaban la misión que les había llevado hasta tan lejos se lanzaron en picado hacia ese lugar que tanto les llamaba la atención.

Desde la Tierra vieron en el cielo una lluvia de meteoritos que parecían acercarse a una gran velocidad.

Cada uno de ellos cayó en un lugar diferente, en cada uno de los llamados cuatro continentes: América, Eurafrasia, Oceanía y Antártida.

Simaí cayó en un lugar muy parecido a un paraíso, repleto de árboles, flores, fuentes que al correr por los arroyos que formaban, emitían un sonido envolvente y cautivador que daba una profunda paz interior, envolviendo los sentidos. El ángel se dejó llevar y reposó sus pies en la tierra ya ahí se quedó mudo y pensativo.

De repente una multitud se arremolinó a su alrededor, se había reposado sobre una ligera colina y podía observar la cara de felicidad de esos seres desconocidos.

Los seres que poblaban ese lugar caminaban sobre dos patas, y estiraban el cuello hacia él como intentando verlo más de cerca. De pronto se dio cuenta que el silencio era tal que podía oir el aire como entraba y salía de los pulmones de tan diminutos seres.


Visto desde la distancia Simaí se distinguía con tal belleza que no era de extrañar tanta veneración….

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