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miércoles, 30 de noviembre de 2016

MUERTA EN LA BAÑERA...


Las tres y media de la madrugada. Gran Vía madrileña. La luna en cuarto creciente ilumina de plata los bordillos de las aceras. La mayoría de los escaparates de las tiendas están apagados, aunque alguno se resiste a perder su protagonismo y permanece iluminado.

Por la acera izquierda de La Gran Vía Madrileña bajan dos hombres jóvenes arrastrando cada uno de ellos una maleta con ruedas. Van discutiendo y haciendo eses. El ruido de las ruedas de las maletas resuena en la noche madrileña. Los coches suben y bajan por la Avenida a una velocidad superior a la permitida.



—Mete mierdas.

—Cangrejera

—Una mierda pa tu boca

—Una polla para tu culo.

—Que fina ella, P A R A tu culo. Como habla que bien se explica. Por algo es la mejor de Chueca. Claro como tuvo la oportunidad de estudiar. Y mira para lo que le ha servido a la puta esta, para acabar de madrugada arrastrando una maleta llena de pelucas baratas y vestidos de los chinos. Encima borracha y con el rímel corrido…

—Cállate cangreja, cangrejera. No me saques de quicio.

—No me saques de quicio tú, so puta.

—¡Puta yo! La madre que te parió, que era una santa, pero tú eres una hija de puta. No te conformas con tirarte a mi novio en los lavabos de Anoite…

—Yo no me lo he tirado. Ha sido él. No ves que se ha vuelto loco cuando ha visto mi hermosas piernas enfundadas en esas maravillosas medias de cristal…¿qué querías que hiciera, que me quedara de brazos cruzados cuando se ha sacado la polla y me la ha paseado literalmente por la cara? Pues lo que hacemos todas, chupársela. Pero sólo se la he chupado eh. Que en mi culo no entra cualquier cosa. Y menos la polla del novio de una amiga. Chupársela es un pecado menor, pero dejar que te folle un sacrilegio…

—No si en el fondo no sé si perdonarte, prefiero que lo haga contigo a que lo haga con cualquiera de esas zorras…

—¿De verdad? Que buena amiga eres. Que sepas que sólo me ha follado un poquito…

—Ves so puta. Te lo has tirado.

—Mira guapa, se lo han tirado todas.  Ay , no perdona se me ha escapado.



Entonces Marnie comenzó a cantar con una voz melodiosa y afinada que se sumó a las luces de colores de los establecimientos de la Gran Vía Madrileña.



— Yo era feliz contigo, vida mía tú eras principio y fin de mi alegría. Yo te creía fiel como la luna, que acude a protegernos cada día…

—Yo era feliz contigo, vida mía. Tú eras mi perro fiel yo era tu guía…le siguió Angy

—Hasta que desperté de mi locura

—Y pude comprender que me mentías.



—Jajajaja Al final va a parecer que te perdono—dijo Marnie, pero no guapa, esta me la vas a pagar. Le gritó a a Angy mientras le soltaba un puñetazo con tal fuerza que le rompió un diente.

—Ayyyy! Me has partido un diento, so zorra! Te voy a matar.



En ese momento paró un coche de policía al lado de los dos jóvenes con las sirenas encendidas.



—¿Qué pasa aquí, por qué os pegáis?

—Si no, nos pegamos agente—le dijo Marnie al policía.

—¿Ah no y esa sangre que te sale de la boca y la nariz?

— No me sale sangre, no nos estábamos pegando, oiga.

—¡Mírate bien¡—le gritó el policía mientras le lanzaba un puñetazo en toda la cara.

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