lunes, 11 de febrero de 2019

La historia extraña de los fascistas Gays


La noticia de que Jorg Haider (el líder fascista austríaco) pasó sus últimas horas con un rubio espectacular en un bar gay impresionó a algunos. A mí no. Para un gay de izquierda como yo éste es un tema tabú, pero siempre ha habido una superposición extravagante y desproporcionada entre la homosexualidad y el fascismo. Respiren profundo. Aquí va.
Alrededor de diez mil gays fueron masacrados en los campos de concentración nazis. Muchos fueron humillados, encarcelados, deportados, fueron objeto de limpieza étnica o se los castró. Un sobreviviente gay de los campos de concentración, LD Classen von Neudegg, escribió sobre sus experiencias. Demos un vistazo: “Tres hombres intentaron escapar una noche. Los capturaron, y cuando volvieron les escribieron en la ropa la palabra ‘homo’. Los ataron a una picota y les dieron latigazos. Después se los obligó a tocar un tambor mientras gritaban ‘¡Hurra! ¡Volvimos! ¡Hurra!’ Después los ahorcaron.” Éste es uno de los sucesos más suaves documentados en su libro.
Con esto la idea de un fascista gay parecería ridícula. Pero cuando el British National Party [Partido Nacional Británico], nuestros propios fanáticos domésticos negadores del Holocausto, anunció que estaba postulando para las elecciones europeas de junio de este año un candidato abiertamente gay, los abnegados seguidores del fascismo ni pestañearon. La retorcida realidad es que los gays han estado en el corazón de todos los movimientos fascistas de envergadura que existieron, incluyendo el Tercer Reich, que gaseó y mató a los gays. Con la excepción de Jean-Marie Le Pen, todos los fascistas de más alto perfil de Europa de los últimos treinta años han sido gays. Es hora de que lo admitamos. El fascismo no es algo que pase ahí afuera, un hábito desagradable que contraen los chicos héteros. Es (al menos en parte), también gay, y es hora de que los gays no fascistas se despierten y enfrenten la música marcial.
Nada más miren a nuestro continente en la década pasada. El fascista holandés Pim Fortuyn defendía una plataforma abiertamente racista y antiinmigrantes, en la que describía al islam como “un cáncer” y “la mayor amenaza de hoy en día contra la civilización occidental”. Sin embargo, con dos perritos peludos y un complejo de mami, era abierta y extravagantemente gay. Cuando un opositor político lo acusó de odiar a los árabes, replicó “¿Cómo voy a odiar a los árabes? Se la chupé a uno ayer noche.”
Jorg Haider hizo explotar la tranquila política postnazi de Austria en el 2000 cuando su ‘Partido de la Libertad’ neofascista ganó un 25% de los votos y se unió al gobierno del país como socio de la coalición en el poder. Siempre se destacaron varios hechos en la cobertura de la prensa internacional: su quijada cuadrada, su torso musculoso, su padre partidario de las SS, su rabioso antisemitismo, su odio de los inmigrantes, su descripción de Auschwitz y Dachau como “centros de castigo”. Unos pocos diarios mencionaron que siempre estaba rodeado de jóvenes atléticos y fanáticos. Un puñado fueron algo más allá y señalaron que varios de esos jóvenes eran abiertamente gays. Después un diario alemán de izquierda mostró el relato al que todos los demás estaban aludiendo: afirmaron que Haider era gay.

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